Enrique Moles Ormella (1883 – 1953)


El enemigo fue siempre el mismo: la Administración y la burocracia. Los mejores planes, las mejores intenciones, los propósitos más ideales, quedan destrozados contra el muro inconmovible de la rutina.

— Enrique Moles Ormella. Discurso de ingreso en la Academia de Ciencias (1934)

Aprovechando una reunión familiar, el pasado fin de semana, estuve hablando con mi padre de los avatares de la ciencia española y, en especial, de la química. Le comenté a mi padre sobre la figura de Joan Oró, químico al que dediqué el post anterior,  y le preguntaba sobre las penurias que pasaron los científicos en la posguerra. Aspectos que mi padre, doctor en Química Orgánica bajo la dirección de D. Ignacio Ribas Marqués a finales de los años 50 y estudioso de la ciencia española, conoce sobradamente por haberlos padecido en sus propias carnes. En el contexto de esa conversación, mi padre me llamó la atención sobre otra figura de la química española: el también catalán Enrique Moles Ormella que fue, para su desgracia, protagonista de una historia mucho más triste y, a su vez, reveladora de la fuerza que los odios y enconos han tenido, no sólo en la ciencia, sino en el conjunto de la sociedad española.

He de confesar que desconocía la figura y la historia de este científico catalán y, una vez que mi padre me despertó el interés, me puse a buscar información y, consecuentemente, a elaborar este post.

Enrique Moles nace en la Villa de Gracia (Barcelona) en el verano del año 1883 en el seno de una familia netamente catalana: por parte de padre procedentes de la Seo de Urgel y, por la parte materna, sus ancestros se localizan en la villa ilerdense de Balaguer. Moles realiza su formación primaria y secundaria en Barcelona y completa el bachillerato en el año 1900.

Es, en ese mismo año de 1900, cuando se matricula en la carrera de farmacia en la Universidad de Barcelona, licenciatura que completa, de forma brillante, en el año 1905. Moles se desplaza entonces a Madrid para obtener el doctorado en farmacia ya que era la única universidad facultada para otorgar dicho grado. Se doctora en 1906 defendiendo una tesis que versa sobre métodos de análisis de silicatos. La vocación de Moles por la química es, a partir de este momento, inequívoca.

En ese año 1906 comienza su labor docente como auxiliar en la Facultad de Farmacia de Barcelona y, a lo largo del decenio comprendido entre 1908 – 1918 disfruta de distintas becas para la continuación de sus estudios en el extranjero obteniendo los Doctorados en Física (Ginebra, 1916) y Química (Leipzig, 1918). Posteriormente obtendría un nuevo doctorado en Química en el año 1922 en la Universidad de Madrid.

El trabajo desarrollado por Moles en estas estancias en el extranjero es eminentemente práctico. Se dedicaban muchas horas al trabajo de laboratorio y los conocimientos que se adquirían no eran puramente científicos sino que se desarrollaban otras habilidades como el trabajo de vidrio o algunas reparaciones mecánicas. Las estancias en el extranjero sirven para que Moles se percate de la importancia de la Química-física como nueva especialidad y, a su vuelta, empuje, con todas sus fuerzas, para conseguir la implantación de esta especialidad en los currículos científicos que entonces se imparten. Su pelea constante contra el inmovilismo reinante en la administración universitaria  española en las primeras décadas del siglo XX se refleja en la cita con la que se abre este post.

Después de rechazar puestos de profesor en prestigiosas universidades extranjeras, Moles obtiene la cátedra de Química Inorgánica de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid en el año 1927. Durante su labor docente en la universidad su inagotable capacidad de trabajo y su fuerte carácter y firmes convicciones no dejan a nadie indiferente generando adhesiones inquebrantables y odios eternos.

Los cambios político sociales resultantes del  advenimiento de la II República, hacen pensar que se puede producir un cambio en el modelo económico del país. Moles, como muchos de sus contemporáneos, influido por la filosofía que emana de la Institución Libre de Enseñanza está convencido que el potenciamiento de la investigación científica y, en especial, de la Química pueden ser un factor que contribuya a impulsar un renacimiento económico en el país. Sin embargo, sus pensamientos chocan con la realidad española que, con un tejido empresarial cortoplacista, es incapaz de apreciar el potencial que la ciencia puede proporcionar al desarrollo social. En 1932 se inaugura el Instituto Nacional de Física y Química (I.N.F.Q.) conocido popularmente como el “Rockefeller” y Moles es nombrado responsable de la sección de Física y Química. En 1934, con 50 años, Moles es nombrado miembro de la Academia de Ciencias.

En 1936, Moles se mantiene al lado del gobierno legítimo de la II República frente al golpe de estado que causaría la guerra civil. Moles firma, junto con otros intelectuales, el manifiesto “los intelectuales españoles apelan a la conciencia internacional” en respuesta al bombardeo de Madrid por parte de la aviación franquista. Esta firma, probablemente marcará su destino posterior. Moles es nombrado, por el gobierno de la República, Director General de Pólvoras y Explosivos dependiente de la Subsecretaría de Armamentos y en esa dirección se desempeña con toda su capacidad técnica y de trabajo. En 1939 cruza la frontera y comienza su exilio en Francia. Se traslada a Paris y le ofrecen un puesto de investigador en el centro nacional de investigación (CNRS) de Francia.

En 1941, acogiéndose a la amnistía del gobierno de Franco entabla conversaciones con el embajador de España en Paris y consigue un salvoconducto que le permite regresar a España. Confiando en las garantías del embajador, cruza la frontera española para ser inmediatamente detenido, trasladado a Madrid y encarcelado. A principios de 1942 es puesto en libertad e inicia las gestiones para recuperar su puesto docente pero es denunciado por el nuevo establishment universitario y encarcelado bajo la acusación de auxilio a la rebelión militar. Es juzgado por un consejo de guerra y condenado inicialmente a doce años de cárcel, el tribunal solicita que la pena le sea reducida a seis años lo que le permitiría obtener la libertad condicional, sin embargo el auditor (fiscal) disiente y propone una pena de 20 años. Su caso pasa al Tribunal Supremo de Justicia Militar en el que el fiscal pide, inicialmente, la pena de muerte y, a lo largo de la vista cambia su solicitud por la de 30 años de reclusión mayor. Finalmente, en 1943, Moles es condenado a cadena perpetua.

Sale de prisión al cumplir 60 años en verano de 1943 habiendo pasado casi tres años en prisión y se pone a trabajar. Naturalmente, el gobierno de la dictadura le cierra la puerta a la enseñanza y Moles desarrolla su labor en el Instituto de Biología y Sueroterapia (IBYS) de Madrid. En 1951 se cancelan sus antecedentes penales pero no se le permite la vuelta a la universidad. Finalmente, Enrique Moles fallece en Madrid en 1953 poco antes de cumplir los 70 años.

Este es un breve resumen de la vida de un gran hombre, un políglota capaz de comunicarse de forma fluida en catalán, castellano, francés, inglés, italiano y alemán. Un artista, un pintor que no pudo satisfacer su pasión por alcanzar a los grandes y se dedicó a la ciencia. Un científico con 261 artículos publicados uno de ellos en Nature en 1931 y, al menos dos de ellos, elaborados durante su estancia en prisión. Un investigador laureado con distintos premios y distinciones internacionales: Premio Van’t Hoff (1927),  gran cruz de la Orden de la República Española (1933), oficial de la Legión de Honor (1936), medalla Lavoisier (1937), etc. Un químico que fue vicepresidente de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC). Y, sobre todo, un español que creyó que a través de la investigación científica su país podía superar décadas de retraso y equipararse de las naciones de su entorno.

3 comentarios

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3 Respuestas a “Enrique Moles Ormella (1883 – 1953)

  1. Otro ejemplo de persona inteligente que por su propio bien tenía que haber mandado a España a tomar vientos y que por generosisdad para con su patria fue puetado hasta la extenuación.
    Y luego nos quejamos de que se diga que España es un país de caspa y pandereta

  2. Pingback: MOLES, SALES, VALENCIA | CLAUDI MANS

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