Un Pedro Picapiedra de cuatro metros


Asumo que muchos de mis lectores son conocedores de los dibujos animados de Pedro Picapiedra. Para aquellos más jóvenes que no los conozcan comentarles que se trata de una serie infantil en la que los protagonistas, hombres de las cavernas, conviven con dinosaurios. Uno de las cosas más absurdas de los que abogan por la teoría de la tierra joven es considerar que nuestros ancestros convivieron con los dinosaurios. De esta forma, matan dos pájaros de un tiro, por una parte, la tierra es lo suficientemente joven como para que no se produzca la evolución y, por otra parte, esta postura se acerca más al relato bíblico del Génesis que es, lo que en le fondo, les interesa.

En esta línea nuestro embustero cuántico diferencial favorito ha intentado, haciendo gala de su habilidad para la mentira, inventarse una prueba que justifica, en su limitado conocimiento científico,  el que Charles Darwin y su teoría de la evolución están equivocados. Cada vez estoy más convencido que Rafa equivocó su camino. Si en vez de intentar engañar a sus lectores con mentiras y embustes dedicara su innata habilidad para contar cuentos probablemente estaríamos en presencia de un genio de la literatura del siglo XXI.

Como habrán podido adivinar mis lectores, este post lo dedicaremos a desentrañar las patrañas del post que, en la línea rafaeliana de títulos quilométricos, bajo el nombre de  “El misterioso fósil …” (Rafa perdóname que no lo cite entero) elabora nuestro amigo. Adelantarles a mis lectores que, en el artículo enlazado, Rafa roza las más altas cotas del ridículo y la invención, sólo igualadas, quizás, por los dedicados a la saga Van Nostrand.

Basta con seguir un poco las escrituras de los pseudocientíficos para ver que una de sus bestias negras es Darwin o, en concreto, su teoría de la evolución. La teoría de la evolución es una de las teorías científicas más longevas, enunciada en 1859, ha cumplido más de 150 años de vigencia y, hasta ahora, en lo esencial continúa siendo válida (véase este post). Como toda teoría científica, la teoría de la evolución es un modelo que afirma que la selección natural es el motor principal de la diferenciación de los seres vivos en distintas especies y, hasta la fecha, no existe una sola evidencia que haya falsado esta teoría. La teoría de la evolución muestra el éxito del método científico a la hora de explicar la naturaleza y, por lo tanto, ha sido y es objeto de ataque desde el bando anticientífico.

En este sentido, el rebuzno que plantea Rafa en su post es uno de los más burdos y, por lo tanto, risibles ataques contra Darwin y su teoría. En el fondo, lo que trasciende de lo escrito por Rafa es la ignorancia, mala fe y embustes de su autor que confirman, una vez más, que no sólo es un charlatán sino que además es una mala persona. Pero, sin más dilación, centrémonos en el contenido del esfuerzo literario de Rafa.

Rafa arranca su post hablándonos del libro en el que, al parecer, se encuentra ese elemento de información que cinco generaciones de anti-darwinistas antes que él pasaron por alto y que no es otro que “Nuevos Elementos de Historia Natural”   de M. Salacroux. Rafa afirma, sobre este libro en el que se demuestran las falsedades de Darwin, lo siguiente:

Estamos hablando de joyas del conocimiento y de libros que pueden encontrarse únicamente en colecciones muy exclusivas y cuidadas, que fueron la base textual de estudio de la comunidad científica española de finales del Siglo XIX.

Observemos que Rafa empieza el artículo citando una obra que sólo es posible encontrar en colecciones muy exclusivas y cuidadas. De esta forma se pone en una postura de autoridad frente a los lectores a los que les está diciendo que él tiene acceso a esos exclusivos templos del saber y que en su magnanimidad infinita va a acercar al conocimiento contenido en esa inalcanzable obra a sus lectores. Todos los enlaces que Rafa proporciona a la obra nos llevan a una librería on-line alemana pero Rafa “olvida” citar que, gracias a la magia de San Google, todos (incluido él) tenemos acceso a tal magna obra. Este pequeño olvido aleja a sus lectores, por supuesto, de la posibilidad de comprobar la veracidad de lo que el embustero afirme.

Con respecto al autor M. Salacroux hay poca información y, curiosamente existe otro Salacroux, en este caso de nombre Antoine Pauline Germain, que tiene una obra con el mismo título y cuya traducción se empleó en la instrucción pública española en el siglo XIX, lo que me hace sospechar que el M. del autor de Rafa es una abreviatura de “Monsieur” y que ambos Salacroux son el mismo. Pero dejemos que sea Rafa el que, en futuros posts, nos ilumine sobre la saga Salacroux, insignes naturalistas que tan indeleble huella han dejado en la historia de nuestro conocimiento científico.

Tras su fogosa descripción del libro de Salacroux y de la Enciclopedia Moderna (de ésta si que proporciona enlace a Google Books) y, una vez establecida su postura de autoridad científica, Rafa suelta esta prenda:

Pues bien, el mismísimo Charles Darwin, fue conocedor y estudioso del Compendio de Nuevos Elementos de la Historia Natural, ya que formó parte en 1878 de la Academia Francesa de las Ciencias Naturales, (Sociedad de Ciencias Naturales de Francia) y conoció personalmente a Salacroux, pues fue uno de sus alumnos.

Esto, por supuesto,  es una invención de Rafa. De Salacroux no tenemos información pero de Darwin sí y se puede afirmar, sin ningún genero de duda que Darwin no conoció la obra de Salacroux o que, al menos, no la tuvo en consideración a la hora de elaborar su producción científica. Darwin elabora su famosa teoría durante su viaje en el Beagle (1831 – 1836) y, entre las obras científicas que Darwin se lleva como material de consulta y estudio destacan las del geólogo británico Charles Lyell al que Darwin admiraba.

Pues bien, accediendo a las obras de Darwin en Google Books si buscamos tanto en The Origin of Especies como en The Descent of Men encontramos numerosas referencias a la obra de Lyell pero ninguna a la del insigne Salacroux. Por lo tanto podemos concluir que o Darwin desconocía la obra de Salacroux o no la tuvo en consideración al elaborar su teoría.

De lo anterior se deduce claramente que Rafa miente y que no existía relación alguna entre Darwin y Salacroux y que la influencia de la obra de éste sobre la de aquel es inexistente. Una vez sembrado el engaño, Rafa se lanza con una cita textual del libro de Salacroux (página 550) que dice:

La vida existía ya, pero era una vida equívoca, sin sensibilidad. Mas tarde los insectos han mostrado un grado superior de organización; la sensibilidad ha aparecido en el mundo, pero todavía estaba reducida a muy estrechos límites. A los insectos siguieron después los peces, y la vida fue cobrando más fuerza: sin embargo estaba limitada a un sentimiento automático, a un puro instinto. Un poco más tarde, las islas y las riberas se han poblado de reptiles muy poco inteligentes todavía y al poco la Tierra se embellecía con la aparición de los mamíferos y conviviendo con todos ellos en la cúspide, los cuadrúmanos y el hombre.

Para, a continuación, filosofar sobre los cuadrumanos (Rafa es sin tilde) y lanza otra joya cuando afirma que:

… descubrimos un extraño fósil de un cuadrúmano que jamás ha vuelto a ser documentado y que según Salacroux, constituye el antecedente del homo y no del simio, ya que generó, antes de estar erguido un incremento de su capacidad craneal, mientras que el simio, ya coexistía con el cuadrúmano, como se demuestra en la   ilustración 24 de las 50 ilustraciones en cobre.

Pero ¿qué es lo que contiene la ilustración 24? Pues, ni más ni menos, que esto:

Que no es otra cosa que un fósil de megaterio, tal y como el autor cita en la página 494 del mismo libro. Por lo tanto, no se trata de un cuadrumano. Una vez sembradas las mentiras y apalancándose sobre ellas como premisas, Rafa va dejando caer las dudas y conclusiones:

Hasta aquí, nada extraño. O sí?. No olvidemos que Charles Darwin, estudió exactamente este párrafo que acabamos de transcribir justo arriba, ya que fue alumno de Salacroux.

La ilustración 24 de 50, ilustra el cuadrúmano antecesor común del Simio y el Homo Sapiens, y está datado en 400 millones de años, lo que implica que convivió con los Dinosaurios, que en tiempos de Salacroux no eran conocidos. (En 1850, no se tenía constancia de la existencia de los Dinosaurios).

¿Donde aparece que ese fósil está datado en 400 millones de años? Difícilmente podía ser datado en la época de Salacroux ya que en aquel entonces se estimaba que la tierra, de acuerdo a  Georges Louis Leclerc, tenía unos 180.000 años y no fue, hasta pasada la mitad del siglo XIX, cuando William Thomson empezó a postular edades para la tierra en el rango de los millones de años (hoy se sabe que la edad de la tierra es de más de 5.000 millones de años). Por otra parte, se conoce que el megaterio apareció en el Plioceno y vivió, hasta hace unos 8.000 años. Escalas temporales muy diferentes de los 400 millones de años que sostiene el payaso cuántico diferencial.

Para ir cerrando este post quiero introducir una última cita del texto de Rafa que dice:

El hallazgo de estos libros de texto, podría tener consecuencias revolucionarias, ya que suponen la prueba de que Charles Darwin, conociendo los fósiles y documentos expuestos por Salacroux, decidió ocultar su existencia y suprimir el origen ancestral del ser humano, por uno más próximo y relativo al simio, lo que puede comprobarse fácilmente que no se corresponde con los datos científicos existentes a la fecha de  1840 y 1855, en los que se sabía con certeza que el primer cuadrúmano apareció hace 400 millones de años y de la existencia del cuadrúmano simio y humano hace 200 millones de años.

Con esto queda al descubierto la táctica de Rafa que no es otra que inventarse unas premisas y, sobre la base de esas premisas falsas y con el apoyo de la autoridad que se concede extraer unas conclusiones igualmente falsas. Todo sea con el fin de atacar a la ciencia y los científicos. Rafa, que no ha leído a Darwin (ni a Salacroux) no sable de que habla. El propio Salacroux, en la página anterior a la que cita Rafa, dice:

Como vemos, M. Salacroux sostiene que el hombre no apareció en la tierra en el mismo momento que los animales.

Me gustaría cerrar el post con una reflexión, en la ciencia, la de verdad, no existe una postura de autoridad, no existen vacas sagradas que tienen acceso a ocultos volúmenes donde se encierran conocimientos que echarían por tierra las teorías científicas vigentes. La ciencia se basa en construir modelos, debatirlos y ver si esos modelos pueden explicar la realidad y predecir sucesos. Cuando aparece una prueba que no concuerda con el modelo y se comprueba que esto es así, el modelo, teoría, deja de ser válido y la misión de los científicos es proponer un nuevo modelo. Como pueden ver los lectores, algo muy diferente a lo que hace Rafa.

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2 comentarios

Archivado bajo Charlatán, Mentiras

2 Respuestas a “Un Pedro Picapiedra de cuatro metros

  1. Excelente post.
    Es increible comprobar como Rafa y los demás embaucadores realizan un imaginativo tratamiento de la información, modificándola, retorciéndola, amoldándola a sus intereses, tergiversandola y por último mintiendo descaradamente y todo ello basado en la profunda indolencia, les da igual que lo que les digan, y vagancia, jamás se molestan en comprobar nada de nada, de sus por suerte pocos seguidores.
    Lo más alucinante de Rafa es que toda esa sarta de mentiras de mierda la casca en cualquier lado y no se pone ni “colorao”.

    • Completamente de acuerdo NZ. Hay una cosa que me llama la atención y es que esta patulea de embaucadores critica a la ciencia por dogmática y no se cortan a la hora de emplear el argumento de autoridad.

      Por cierto, Rafa ha cerrado los comentarios en MdlA, señal de que andaba escaso de ellos y los pocos que tenía eran críticos con sus tonterías.

      Saludos

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