Homeopatía: toda la idiotez que quepa


0530evil-homeopathistEsta es una traducción mía de una sátira que, bajo el título, Homeopathy – all the idiocy that fits, publicó Peter Bowditch en la edición de junio de 2001 de The Skeptic, la revista de los Escépticos Australianos. Como en todos los casos, asumo cualquier error en la traducción del mismo.

(Nota: El pie de la imagen de la izquierda dice: Dr. Loo, el más malvado homeópata del mundo intentando envenenar el océano).

Homeopatía: toda la idiotez que quepa

De todas las cosas llamadas “medicina alternativa” la más ridícula debe ser la homeopatía. Es incluso más tonta que la iridología.

Para todos aquellos que no están familiarizados con el origen y principios de la homeopatía que sepan que fue inventada hacía el final del siglo XVIII por Samuel Hahnemann. No tuvo menos éxito que la medicina convencional de la época y, probablemente, salvó las vidas de mucha gente simplemente porque la gente mejora de muchas enfermedades sin necesidad de ninguna intervención por lo que, el no hacer nada (que es, esencialmente, lo que es la homeopatía) puede, con frecuencia, producir mejores resultados que las sangrías, purgas, cauterizaciones y amputaciones. La diferencia es que la medicina ha avanzado y ya no hace estas cosas (o las hace de forma diferente y por diferentes razones).

La homeopatía aún se basa en los principios establecidos en su invención. Uno de estos principios es la Ley de los Similares que dice que algo que produce síntomas en dosis grandes es útil para tratar las enfermedades que tienen esos síntomas. Para determinar qué puede ser usado en cada caso, distintas cosas son sujeto de “pruebas” mediante la administración en dosis crecientes hasta que se observa una reacción. Esta reacción se registra y, cuando un paciente presenta los mismos signos que el homeópata, se puede usar una preparación de la cura para arreglar las cosas. Los chiles jalapeños pueden ser candidatos al tratamiento de la sudoración excesiva y el pelo de gato puede tener potencial como tratamiento de la fiebre del heno. Probablemente, el cianuro proporcionaría un tratamiento útil para la muerte.

Para evitar el obvio problema, se enuncia un segundo principio: la Ley de los Infinitesimales. Ésta establece que cuánto más diluida esté una sustancia, mejor funciona frente a los síntomas “probados”. Existen dos tipos de diluciones de uso común: X y C. Para fabricar una dilución X se toma una décima parte de la muestra y se mezcla con diez partes del diluyente. Para hacer una preparación 10X , el proceso de dilución se realiza diez veces, cada vez tomando un décimo de la mezcla y diluyéndolo. En cada paso, la mezcla es “sucusionada” que significa agitada de una determinada forma. En algunos casos, la sucusión requiere que el contenedor sea golpeado con un determinado objeto como, por ejemplo, un libro encuadernado en piel. Las preparaciones pueden hacerse a 6X, 10X, etc. Pueden fabricarse preparaciones mucho más potentes usando el método C en el que las diluciones que se realizan son uno en cien en cada paso. He oído sobre preparaciones M en las que el factor es un millar, pero supongo que éstas sólo podrán ser manejadas por laboratorios muy experimentados.

El disparate de la homeopatía tradicional puede hacerse patente incluso a las mentes más simples, un hecho que no parece ser obstáculo para aquellos con “mentes” con un coeficiente menor que “más simple”. Por ejemplo, alguien me sugirió recientemente que una dosis de 5 gramos de una determinada sal de calcio podría proporcionarse mediante una preparación homeopática  6X para el tratamiento de una determinada condición. Un simple cálculo revela que esto requeriría que el paciente consumiera 49.995,995 quilos de lactosa por día para tomar la dosis recomendada de calcio. Este peso de tabletas no entraría en el remolque de un camión promedio y requeriría, al menos, dos camiones enteros de píldoras por día. Cada día. (La misma persona dijo que las preparaciones 30X son tan potentes que sólo deben ser tomadas bajo la vigilancia de un homeópata altamente cualificado. Para tomar 5 gramos a partir de una preparación 30X, el peso diario de las tabletas estaría un poco por debajo de la masa de la Tierra. Cada día).

Enfrentados a situaciones como estas, en las que la elección es bien comer el peso de cuarenta coches pequeños por día, beber un volumen de líquido equivalente a un petrolero y medio o tomar una cantidad razonable de medicación, los homeópatas han buscado desesperadamente una resolución del dilema.

Lo que han sacado es la memoria del agua. Supongo que la lactosa tiene una memoria similar, pero nadie parece estar hablando de ello. El vudú de la memoria del agua dice que el agua recuerda las cosas con las que ha estado en contacto incluso después de eliminar las trazas de la sustancia. Extrañamente, sin embargo, no recuerda las botellas o vejigas en las que ha estado almacenada o los productos químicos que pudieran haber entrado en contacto con sus moléculas o los otros contenidos de las aguas residuales en las que podría haber estado en otros momentos o la radiación cósmica que haya podido atravesarla. El agua sólo recuerda aquella cosa que el “investigador”  quiera que recuerde.

Incluso nos han dicho que es posible transmitir esta memoria por email pero eso es otra historia para otro momento.

El agua tiene un montón de propiedades físicas y químicas especiales que no se encuentran en otras sustancias.  Las moléculas del agua líquida están constantemente agrupándose, desagrupándose, combinándose y recombinándose en pequeños cristales y patrones. Esto tiene mucho que ver con la forma en que la vida aparece en la tierra y en la razón por la que el agua es esencial para la vida. Tiene también mucho que ver con el hecho de que el agua sea, prácticamente, un disolvente universal. Lo que no tiene nada que ver es con la idiotez de los homeópatas.

Los homeópatas han adoptado este sinsentido de la “memoria del agua” en un intento de recuperarse del desastre que surge cuando alguien que piensa, concibe las ramificaciones de las continuas diluciones. Para poder explicar cómo algo puede actuar una vez que todas sus moléculas han desaparecido fue necesario inventar el concepto de “memoria del agua”. Con independencia de la existencia de enormes razones lógicas, filosóficas y científicas  por las que cualquier “memoria del agua” es una idea vacía y, a pesar del hecho de que nadie ha podido presentar un método factible para probar el concepto, los homeópatas lo han puesto en existencia. Los homeópatas citan los extraños mecanismos por los que las moléculas de agua se relacionan entre si para decir “mira, alguna de estas estructuras temporales podrían codificar moléculas que pudieran haber visto antes”.

El problema real es que, incluso si la “memoria del agua” fuera, a la vez, posible y probada, no haría que la homeopatía fuera menos ridícula. Los homeópatas continuarían reclamando que pueden controlar, de forma selectiva, qué es lo que recuerda el agua. Tenemos una situación en la que reclaman hacer lo imposible mientras trabajan con algo que ni siquiera existe.

Veamos cómo se hace un remedio homeopático. He escogido al azar un tratamiento para el cólera que consistiría en una preparación 30x de excrementos humanos. No voy a aburrirte con el procedimiento puesto que únicamente consiste en diluciones sucesivas y sucusiones, es el producto final en el que estoy interesado.

¿Cómo se asegura el preparador de que sólo se recuerda el excremento y nada más? Recuerda que mencioné que el agua es casi un disolvente universal. ¿Cómo se controló la preparación para eliminar la posibilidad de que el agua recuerde cualquiera de las moléculas que no forman parte del excremento y que pudieran entrar en contacto con ella? Por ejemplo, podría recordar las moléculas del vaso de vidrio donde se preparó y podríamos acabar con un tratamiento para la silicosis. ¿Qué ocurre si el preparador respiró sobre la preparación y el aire de su boca contaminó la preparación con mercurio de sus empastes? Algo de ese mercurio podría haberse disuelto en el agua y tendríamos un tratamiento para _______ (rellenar con cualquier cosa que el mercurio de los empastes pueda estar causando esta semana). Si el preparador fumaba podríamos tener una cura para el cáncer de pulmón. Si algo del nitrógeno atmosférico se hubiese disuelto obtendríamos una cura para el síndrome de descompresión, si se introdujera un pequeño fragmento de asbesto proveniente de una demolición cercana obtendríamos un tratamiento para el mesotelioma. Nada de esto le serviría al pobre enfermo que se encuentra sentado esperando una cura para su diarrea (bueno, sentado en algunos casos o corriendo a sentarse en otro sitio en otros).

Si se pudiera probar mañana, de forma conclusiva que el agua puede retener estructuras moleculares relacionadas con otras moléculas que han estado cerca de las moléculas del agua, la homeopatía seguiría siendo una mierda apestosa[1]. Diluyéndola un factor de 1.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 no la haría más potente ni que apestara menos.

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[1] N. del T. El autor utiliza la expresión coloquial “stinking crock“ que literalmente es algo así como “vasija apestosa”.

8 comentarios

Archivado bajo Humor, Pseudociencia

8 Respuestas a “Homeopatía: toda la idiotez que quepa

  1. Tan genial, como apestosos son (que lo son) los pseudoprincipios homeopáticos

    • Ya ves. Por cierto, has visto que zetetic nos dedica algunas entradas en su blog.

      • Im-presionante, el Zetetic este está como una regadera, es un auténtico enfermo mental.
        Ya no es que le falte compresión lectora, es lo que lee lo interpreta como le da la gana.
        A ver si se hace un par de amigos y se le quita la tontería, porqué por ese camino va acabar en un frenopatico o algo así.

  2. Genial descubrimiento, y muy buena traducción, hasta conserva (en la memoria de la página) la gracia y el humor.

    La homeopatía es un chiste, pero lamentablemente también es una estafa y un peligro.

  3. Pingback: Transgénicos (OGM) | Annotary

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