Sobre errores en ciencia


126852-004-FC2ECC79Molecular genetics, our latest wonder, has taught us to spell out the connectivity of the tree of life in such palpable detail that we may say in plain words, “This riddle of life has been solved”

La genética molecular, nuestra última maravilla, nos ha enseñado a describir la conectividad del árbol de la vida en un detalle tan palpable que podemos decir con palabras sencillas, “Este misterio de la vida ha sido resuelto”.

— Max Delbrück

En un post anterior, escribí cómo un afortunado descuido posibilitó un salto cualitativo importante en la medicina: el descubrimiento de los antibióticos y, en concreto, de la Penicilina por Alexander Fleming. En general, la ciencia sistematiza la búsqueda de resultados correctos pero, en ocasiones, descuidos (como el de Fleming) o incluso errores sirven como palancas para el avance científico.

En este sentido, es quizás poco conocido el caso del físico alemán Max Delbrück (1906-1981), premio Nobel de medicina y fisiología en 1969. Delbrück que, por parte de madre, era biznieto de Justus von Liebig (del que hemos hablado aquí) estudio física en la Universidad de Gotinga que, hasta la ascensión de los nazis al poder en Alemania y las subsiguientes purgas había sido, con toda probabilidad, uno de los viveros más importantes de científicos de todos los tiempos.

Delbrück se especializa inicialmente en astrofísica para luego cambiar a la física teórica. Tras defender su tesis doctoral en 1930 se dedicó, durante dos años, a viajar a los más importantes centros educativos europeos. Entre otros, estudió con Niels Bohr y Wolfgang Pauli quienes despertaron en él el interés por la biología. La biología sería el campo al que dedicaría su producción científica una vez exiliado en Estados Unidos en 1937.

Desde que Gregor Mendel, en la segunda mitad del siglo XIX estableciera sus famosas leyes que constituyen la base de la genética, había surgido la cuestión de ¿qué es en realidad un gen? La genética mendeliana era un modelo que proporcionaba una explicación a determinados hechos pero que no pasaba de ser hipotética en el sentido que no se conocía sobre qué estructuras bioquímicas se sustentaba. Se sabia que los genes eran factores hereditarios que tenían capacidad para duplicarse y la capacidad de sufrir variaciones (mutaciones) que, a su vez, se duplicaban como el gen original. Sin embargo, desde la formulación de las leyes de Mendel hasta prácticamente mediados del siglo XX se desconocía la naturaleza física que soportaba a los genes y los mecanismos biológicos involucrados en la duplicación y mutación.

Cuando Delbrück se establece en Estados Unidos a finales de los años 30 se propone investigar los fenómenos biológicos y, en concreto, los mecanismos relacionados con los genes. En los años 40 no se conocía cuál era el mecanismo de la genética. El propio Erwin Schrödinger, en su obra de 1944, ¿qué es la vida? (aquí hay una copia en pdf), afirma que no se conoce ningún sistema físico que se replique a si mismo. Delbrück se propone hallar la unidad última de la genética, el gen atómico y, para ello, se propuso estudiar las formas de vida más simples, los virus y, dentro de estos, los bacteriófagos.

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Delbrück pensaba que los genes eran de naturaleza proteínica y, por lo tanto, dedujo que si conseguía observar cómo se reproducían las partes proteínicas de los virus descubriría el mecanismo de duplicación de los genes. Delbrück y su colaborador Salvador Luria, con quien compartiría el premio Nobel, diseñan un experimento que consiste en infectar bacterias con distintas cepas de fagos para que, cuando la bacteria estalle, poder estudiar los distintos estadios en que se encuentran las proteínas víricas y, de esta forma, poder determinar el mecanismo de duplicación genética. Sin embargo, el experimento no prosperó ya que cuando se infecta una bacteria con una cepa de virus se inhibe la infección por otra cepa. Paralelamente, otras investigaciones demuestran que los virus son mucho más complejos que lo que pensaba Delbrück y que, por lo tanto, no podía tratarse del “gen atómico”.

Inasequible al desaliento, Delbrück decidió investigar la razón de la resistencia de algunas bacterias a la infección por fagos y, junto a su colaborador Luria, diseñaron un experimento de fluctuación. El test de fluctuación no logró enseñar nada de la replicación vírica pero, sin embargo, demostró que las bacterias mutan de forma espontánea y estas mutaciones espontáneas tienen lugar en ausencia de selección en lugar de como respuesta a la selección demostrando, por lo tanto, la aplicabilidad de la teoría de la selección natural en el caso de las bacterias. Este trabajo es el que le haría merecedor del premio Nobel junto a su colaborador Luria.

Los repetidos errores de Delbrück a la hora de valorar  descubrimientos importantes en relación con la genética y el estudio de los bacteriófagos tuvieron, sin embargo, un impacto importante en la apertura de nuevos caminos en la genética molecular e influyeron en el trabajo de muchos bioquímicos, entre otros el propio James Watson (cuya tesis doctoral fue dirigida por Luria). Estos errores se hicieron tan legendarios en el tecnológico de California (Caltech) que se consideraba que el máximo elogio que el laureado Delbrück hacía de una hipótesis era “no me creo una sola palabra”.

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2 comentarios

Archivado bajo Científicos, Explicaciones

2 Respuestas a “Sobre errores en ciencia

  1. Albert

    Off-topic:
    Se ha iniciado una campaña de recogida de firmas contra la estupidez del Ministerio de Sanidad, que pretende publicar una Ley para que las gominolas de agua con azúcar llamadas “homeopatía” se equiparen a las medicinas de verdad, las que curan.
    Este es el enlace por si queréis firmar, saludos:
    https://www.change.org/es/peticiones/ministerio-de-sanidad-impedir-que-los-preparados-homeop%C3%A1ticos-digan-ser-medicamentos-sin-demostrarlo-e-informar-al-pacientes-de-su-ineficacia-retirar-productos-no-autorizados-y-no-dar-privilegios-a-los-fabricantes

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